El viernes por la tarde, a eso de las 4, hablaremos de la salud y de la enfermedad y de la delgada línea roja que a ambos separa, y compartiremos reflexiones sobre el fenómeno, creciente y funesto, de la medicalización de la vida. Y lo haremos a partir de un caso inspirado en la vida de una paciente real de un centro de salud cualquiera de nuestro país.
Felisa tiene 65 años y vive en un pueblo sumergido en el parque Nacional de Monfragüe. Aunque es de allí, ha pasado casi toda su vida en Madrid, de donde vino al jubilarse hace 5 años. Tiene un par de hijos que siguen en Madrid y otro en Cáceres. Vive con su marido cerca de su padre, cardiópata, bronquítico crónico y con antecedentes de ictus y de carcinoma espinocelular en cara. Su madre murió tras largos años de demencia.
Ha sido catalogada de fibromiálgica, pero además sufre de dolores osteomusculares compatibles con artrosis en múltiples localizaciones. Tiene ocasionales episodios de cefalea tensional y de migraña, para lo cual ya fue vista por un neurólogo y realizado un TAC. También fue visitada por neurólogos para descartar una demencia por que se quejaba de olvidos frecuentes (“no quería acabar como mi madre”), siendo derivada a un psiquiatra, que desde entonces la trata con antidepresivos y somníferos. Al llegar la menopausia, le dieron durante un tiempo terapia hormonal por los sofocos. Posteriormente un ginecólogo privado le puso bifosfonatos, aunque en realidad no tenía siquiera osteoporosis, sino osteopenia. Es hipertensa (con irregular control por toma de AINE) y durante un tiempo (que coincidió con el diagnóstico de angor a una hermana y de ictus en su padre) presentó dolores torácicos que un cateterismo descartó que fueran de origen coronario. En los últimos controles analíticos presenta glucemias basales en rango de prediabetes. Su IMC está en el límite de la obesidad grado I.
Toma estatinas para la prevención primaria de cardiopatía isquémica. Además de estos dos fármacos “preventivos”, toma un betabloqueante, un calcioantagonista, un ARA-II, un diurético, tramadol, lormetacepan para el insomnio, rizatriptán para las crisis de migraña, calcio+vitamina D, escitalopram y un protector de estómago. En total, 12 fármacos.
La han operado de apéndice, de un prolapso uterino, de un dedo en resorte y de un nódulo tiroideo. Tuvo una fractura de muñeca tras una caída, padece de presbiacusa bilateral y le han quemado en ocasiones lesiones de queratosis seborreica en la cara (“como las que tenía mi padre”).
Su preocupación por la salud le hizo someterse a una espirometría en una campaña del día del EPOC en un centro comercial: aunque ella no fuma su marido sí. En los últimos dos años ha visitado 24 veces a su médico de cabecera (7 veces desde que estoy yo en la consulta -desde hace 5 meses-). Ha acudido a urgencias del centro de salud 2 veces en el último año y cuatro al hospital. Se le han practicado 29 proyecciones radiográficas en los últimos 3 años y realizado 6 analíticas en año y medio. Actualmente, está siendo seguida en consultas externas hospitalarias por trauma, rehabilitación, reuma, salud mental, nefro, derma y ahora también cardio. Me pide también, por insinuación de la reumatóloga, una derivación a la unidad del dolor que logro negociar con ella diferir en función de la evolución de los dolores. En otra ocasión me pide ir al gine para una eco ginecológica por sentir molestias en la zona de la operación del prolapso uterino, realizada 20 años atrás.
En una de las últimas visitas, tras un episodio de fibrilación auricular paroxística y autolimitado, me trae un informe del cardiólogo: la añaden anticoagulación y un antiarrítmico nuevo: la dronedarona.
A partir de este caso hablaremos de la fibrilación auricular no permanente y de un nuevo antiarrítmico, de la hipercolesterolemia y la prevención primaria de las enfermedades cardiovasculares, de los huesos que se hacen mayores y que, a veces, se rompen, de las pre-enfermedades y de los factores de riesgo, de los determinantes en salud, de las evidencias científicas, de algunas de las falacias y paradojas de la medicina actual, de las detecciones prematuras de las enfermedades, de las causas de las causas, de la depresión y su hermana pequeña -la tristeza-, y en definitiva, de la vida, la salud y la enfermedad. Repasaremos el papel promedicalizador de la prensa, de las sociedades científicas y los autodenominados y pretendidos “expertos“, de las revistas del corazón (perdón, quise decir “las revistas científicas”), de las agencias supranacionales como la OMS y de las celebrities, sin olvidar que los principales agentes medicalizadores somos los médicos, como no. Y de las repercusiones que todo este fenómeno tiene sobre las personas y la sociedad en la que vivimos. En fin, que no dejaremos títere con cabeza…
Si algún avispado quiere ir echándole un vistazo a la presentación, ahí os la dejo.
Nos vemos el viernes. Ya estoy contando las horas…




